El artefacto que pesca en el espacio y juega un importante papel en nuestro futuro

El artefacto que pesca en el espacio y juega un importante papel en nuestro futuro

Envisat, el satélite medioambiental más grande de Europa, dejó de dar muestras de vida inesperadamente el 8 de abril de 2012 tras diez años de servicio. Sobre nuestras cabezas, a 800 kilómetros de altitud, vagan desde entonces 8,2 toneladas de instrumentos, cables, motores y depósitos de combustible, nada bueno para la salud en caso de que a alguna de sus múltiples piezas le dé por caer sobre nosotros.

El satélite errante es uno más de los millones de objetos artificiales, la inmensa mayoría en desuso, que sobrevuelan la atmósfera terrestre. Son aparatos estropeados, desechos de cohetes, estaciones orbitales y todo ese tipo de basura que hemos ido acumulando en el espacio desde que el planeta se nos hizo pequeño. Un gran vertedero nos rodea sin que nadie sepa muy bien cómo vaciarlo.

Ideas hay muchas, lo difícil es llevarlas a la práctica. En diciembre de 2016 la agencia espacial japonesa, Jaxa, puso en órbita el satélite Kounotori con la misión de desplegar un cable de 700 metros de acero y aluminio. La electricidad generada por esta especie de trenza al interactuar con el campo magnético de la Tierra debería haber ralentizado la velocidad de la basura cercana y empujarla a la atmósfera, pero el plan falló donde menos se esperaba: el cable no se desplegó.

Ahora le toca el turno a Europa. A principios de 2018 el espacio exterior recibirá la visita de un nuevo 'camión de la basura' que experimentará diferentes sistemas para poner un poco de orden en el basurero. Sus métodos no serán nada sofisticados. Utilizará una red, un arpón y una vela parecida a la de los barcos. Los resultados que se obtengan servirán para diseñar una misión mucho más ambiciosa, la e.Deorbit, con la que en 2023 se pretende acometer la captura y destrucción de Envisat.

El ingenio, desarrollado por un consorcio de diez empresas europeas, se llama RemoveDebris, pesa cien kilos y ocupa el mismo espacio que una lavadora. Ha sido creado en la Universidad británica de Surrey y su precio es bastante asequible: solo ha costado 16 millones de euros. En su interior transportará dos cubesats, unos pequeños satélites de un kilo de peso que serán los protagonistas de las pruebas. Después de acoplarse a la Estación Espacial Internacional (ISS), donde los astronautas que la ocupan la prepararán para los experimentos, la RemoveDebris afrontará el apasionante reto de averiguar cuál es la mejor manera de barrer el espacio. Para ello se verá obligada a utilizar su propia basura. Los largos tentáculos de la burocracia, capaces de llegar más allá de nuestro planeta, prohíben recoger los desechos espaciales de países ajenos. La propiedad privada se lleva en el espacio al pie de la letra, lo que resulta todo un engorro. Si una nave estadounidense quisiera hacerse con un tornillo ruso que se le ha cruzado en su órbita, debería pedir permiso al propietario del tornillo para no provocar un incidente diplomático. Eso, en el caso de que alguien sepa que es ruso. Para evitar dolores de cabeza y ante las dificultades de averiguar de quién es cada trozo de chatarra, la comunidad internacional ha preferido mirar hacia otro lado y dejar la casa sin barrer.

Conscientes de esta enrevesada situación, los creadores de la RemoveDebris han degradado a uno de los cubesats a la triste condición de detrito sideral. El pequeño satélite será lanzado desde la ISS y tras él irá el otro, que se encargará de disparar una red contra el fugitivo. Si todo sale como indican los cálculos, el peso añadido de la malla que envolverá al presunto trozo de basura le hará disminuir de velocidad y caer hacia la Tierra, cuya atmósfera destruirá al intruso.

Para llevar a cabo la segunda prueba la RemoveDebris desplegará un brazo con una especie de diana en su extremo. La idea es que el satélite la atrape con un arpón y la traiga hacia sí para compartir ambos el trágico destino del tercer experimento. Del interior del satélite principal surgirá una vela de arrastre de 10 metros cuadrados que poco a poco, en un plazo de unos dos años, lo arrastrará hacia su destrucción al entrar en la atmósfera.

En el caso de que funcionen, estos sistemas se utilizarán para eliminar satélites fuera de uso, como el Envisat. La limpieza de pequeños fragmentos -se calcula que hay 600.000 de entre uno y diez centímetros y 35 millones de menos de un centímetro- es misión casi imposible. No hay red demasiado grande ni arpón lo suficientemente preciso para capturar tanto desperdicio de la humanidad.

Fuente: ideal.es

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